Día 293. C’est fini.

29 Jun


Pues sí. Ha llegado. Suena estúpido decir que parecía imposible, que creía que nunca llegaría; pero es la verdad. La última semana ha sido la semana de las últimas cosas, de las despedidas conscientes a la ciudad , pero también la de despedirme de cosas sin saber que esa era nuestra última vez. Lo mismo ha sucedido con la gente; como siempre, hay algunos que sospechas que no volverás a ver antes de irte, y otros que te hacen llorar a moco tendido recorriendo las calles pensando una sola cosa: Se ha acabado. Miradas de pena, manos cogidas con lágrimas contenidas, abrazos eternos y promesas, sobretodo promesas llenas de esperanzas futuras.

Esperanza y a la vez desolación. Al contrario que el 90% de Erasmus, este era mi 4º año fuera de casa; por lo que no he compartido muchas cosas que se viven cuando sales de casa por primera vez. Sin embargo, esto no ha que mis lazos con aquellos elegidos de entre tantos nombres que olvidé sean aún más fuertes. Más fuertes si cabe que los forjados en Madriz. Porque si hay algo que te da esta experiencia, y no cualquier otra, es algo que buscamos toda la vida: familia. Aquí he tenido mi familia. Una familia creada poco a poco. Una familia pequeñita. Pero esa familia que te hace querer quedarte aquí y ahora para siempre. Todos fuimos “despojados” e nuestros respectivos entornos, de nuestras vidas, de nuestras rutinas; y empezamos a la vez a tener que forjar unas nuevas. Y es ahí, precisamente por eso que hay una unión mágica, especial, que nunca jamás desaparecerá. Aunque no nos veamos, bastará con mirarse y sentirlo.

Porque todos hemos crecido un poco más, algunos en unos sentidos, otros en otros. Hemos ganado experiencia. Hemos aprendido a apreciar las cosas buenas de dos países a la vez que odiábamos sus respectivos defectos.

Así que siendo consciente de que París seguirá viendo familias de italianos, españoles, alemanes y franceses; pero nunca la misma, nunca la mía; me marcho. Cargada de esperanzas porque nuestra familia vuelva a unirse antes o después; pero profundamente triste porque la seguridad de estar unidos aquí y ahora se rompe.

París ha sido una ciudad muy puta, y como tal siempre la querré por lo que es, con sus cosas buenas y sus cosas malas, todo lo que te hace querer irte y todo lo que te hace querer volver a vivir aquí rompiendo las frases de meses atrás.

Así que se despide igual que como empezó, lloviendo porque estoy triste como siempre que me despido. Ya habrá tiempo de hacer un balance más optimista.

Se acabó mi Lost in Translation particular. París te amodio. À bientôt chère.

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