Cuento: “Excusez-moi, mademoiselle…”

12 Oct

Puerta al jardín del Edén
Aquella mañana decidió explorar nuevas zonas de la ciudad, a partir de unas pocas calles conocidas que le habían dejado entrever un quartier con cierto encanto. Así que escogió una de las múltiples monturas disponibles entrenadas para tal misión, guiándose por esa predilección especial por los números pares y los sillines bajos que le permiten pedalear a gusto.
No pudo evitar atravesar con gran emoción el Puente de Sully, no tanto por tener al lado esa gran vista de Notre Damme como por verse rodeada de otros 5 exploradores en bici rodando hacia diversos destinos. Qué sensación tan especial tener su propio carril, pensó.
Tras llegar a la puerta que separaba lo conocido de lo extraño, en Jussieu; se puso a caminar en busca de algún manjar con el que saciar su tardía hambre española. Así pues, se propuso comprar en la primera panadería que la embrujase con ese rico olor a pan tan parisino. Tras girar aleatoriamente en un par de calles, encontró una quiche mirándola con ojos golosos tras un par de esparates. Después de agotar sus limitados recursos de francés para conseguir su liberación, decidió disfrutar de ella en lo que imaginaba era otra salida aún no descubierta del Jardin des Plantes. Una vez localizado el único banco que parecía algo iluminado en aquel día tan gris, comenzó su pequeño banquete. Sin embargo, su deseo de disfrutar en silencio de la comida y la vista, no pudo cumplirse.
Un joven de aspecto árabe, se acercó desde el banco de al lado para pedirle la hora. Ella, esperando que contestar la pregunta bastase para que se marchara, procuró hacerle ver que no estaba dispuesta a compartir ni asiento ni charla. Cuando él comenzó a hablar, optó por hacerse la extranjera que no sabía francés, con tan mala suerte que al contestar a la pregunta de la nacionalidad, su interlocutor contestó en un castellano assez bien que su madre era española. Genial, ya sí que no hay escapatoria, pensó. El chico le preguntó haciendo equilibrio entre ambas lenguas que si la molestaba de algún modo, y cuando ella dijo que le gustaba comer sola; pareció no coger la (in)directa. O quizá sí.
– Tranquila, no vengo a…. cómo decís… “draguer“?
– Emmm… ¿Te refieres a ligar?
-Mmm sí, éso. Verás, yo ya tengo una chica.
En cierto modo, la respuesta la hizo relajar un poco la actitud de evitar el contacto visual y hacerse la antipática. Pero aún tenía sus reservas; seguía en sus trece de comer consigo misma.
– Ella es guapa, es inteligente, y es très gentile
– Aaaah… – dijo sin poder evitar percibir amabilidad en los ojos inocentes del chico.
-Yo estudio aquí en Jussie. Matemáticas. ¿Y tú qué haces aquí?
– Pues es una buena pregunta, pero estudio publicidad en Nation.
– ¿Y qué te parece la gente? A mí me caéis muy bien los españoles. No sé, sois más gentiles que los franceses.
-Sí, los franceses son más… fríos, más…. (y sus manos dibujaron una carcasa semicircular delante de ella)
Fermés, sí. ¿Y te gusta lo que estudias? – A ella le hacían gracia esos cambios de tema casi aleatorios, y en cierto modo le sorprendía el contraste en la longitud de las respuestas entre uno y otro. Quizá le enternecía porque le recordaba a los niños con los que había trabajado aquel verano. Así que se ablandó un poco más.
– Sí, mucho, son muchas ciencias sociales, me apasionan. ¿Y a ti?
– Me encanta, aunque mi padre quiere que me dedique más a las finanzas. Es lo que él ha hecho y le va muy bien ¿Sabes? Tiene mucho dinero y trabaja para la SFR. Ma copine está à Londres, y voy a verla todas las semanas porque me sale gratis el viaje en tren.
– ¿A Londres? Pero, ¿Cuánto se tarda desde París a Londres?
– Sólo una hora y poco.
-Madre mía, pues sí que está cerca. Yo pensé que estaba más lejos en tren… – El chico iba derritiendo el hielo poco a poco, así que consiguió que ella le concediese alguna pregunta más – Entonces, ¿Tu novia está allí?
– Sí, está en un máster. Pero yo este año termino, y el año que viene me voy allí con ella, y nos casaremos. – La sonrisa risueña terminó por convencerla de que no había motivos para usar más el perfil hostil.
– Ooooh, qué tierno (sonrisa). ¿Desde cuándo estáis juntos?
– Emmm… (gestos de cálculo) Siete años…Desde que tenía dix-sept. Nos conocimos en Maroc.
– Vaya, es bastante tiempo.
– Sí. Nuestros padres nos conocen y todos son contentos. Pero mi padre quiere que me quede a estudiar finanzas, que sea rico como él, porque él tiene mucho dinero. Pero yo… sólo quiero ir a Londres, donde esté ella. Quiero casarme con ella, tener hijos, y disfrutar de nuestra vida tranquila. Los dos juntos sólamente.
– Sí, bueno, el dinero no da la felicidad, pero ayuda… Pero creo que deberías hacer lo que te haga felíz.
– Sí, realmente yo sólo quiero estar con ella ¿Sabes? Y aunque no es fácil, pasarlo juntos. Porque eso es lo importante, es todo lo que quiero. Es que es…. inteligente, guapa, gentil… Sé que no existe otra igual – dijo con una sonrisa mirando al infinito, despertando otra sonrisa de ternura en ella:
-Wow, estás verdaderamente enamorado ¿Eh? Jaja
– Sí, jaja. ¿Y tú? ¿No tienes un… copain?
-¿Novio? No… pero tampoco me apetece. Me gusta estar sola, y estoy feliz así. No dig0 que no quiera tenerlo pero… ya llegará. Hay que saber estar a gusto con lo que se tiene, y ser paciente con lo que te espera.
– Ah sí, en eso tienes mucha razón. Es una buena actitud esa.
-Jaja. Gracias.
A esas alturas de la conversación, la quiche se había esfumado hacía un rato, así que ella decidió que era hora de proseguir su aventurilla, no sin cierta pena por abandonar esa interesante charla sobre la vida con un desconocido.
-Bueno…. he terminado mi comida, así que voy a irme…
-Muy bien. Yo espero que encuentres a un hombre que te enamore y te cuide. De veras.
-Jaja, muchas gracias. Y yo te deseo mucha suerte con tu femme. Que seáis muy felices.
Y así, se levantó del banco y se fue, dejando atrás unos cuantos prejuicios y la curiosidad despierta por una historia cuyo final nunca supo. Pocas veces había visto tanta serenidad y tanta seguridad en los ojos de alguien, y palabras hablando con tanta ternura de la vida que esperaban compartir con otra persona. En cierto modo, envidiaba la estúpida seguridad de aquel enamorado….

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